domingo, 21 de junio de 2015

INCONTINENCIA URINARIA ....ese enemigo silencioso


En la década de los ochenta (80), la incontinencia urinaria (IU) fue definida por la Sociedad Internacional de Continencia (ICS) y Organización Mundial de la Salud (OMS) como «La condición en que la pérdida involuntaria de orina constituye un problema social o de higiene, y puede ser demostrado objetivamente». Sin embargo, el año 2002 la ICS modificó esta definición a «La manifestación por parte del paciente de cualquier pérdida de orina», siendo esta más útil a la hora de aplicarse en estudios epidemiológicos. (García y Aboitiz, 2012).

La sintomatología asociada a estas pérdidas es muy variada y de alta prevalencia en la población general de mujeres. Así, se estima que entre el 10% y el 50% de las mujeres padecen este problema a lo largo de su vida; esta importancia epidemiológica parece confirmarse en estudios llevados a cabo en varios países europeos como Alemania, España, Francia y Reino Unido. (Hunskaar et al, 2004).

La IU se clasifica en: IU según INTENSIDAD: pérdidas leves, pérdidas moderadas y pérdidas severas; IU según DURACIÓN: IU transitoria (duración menos de 4 semanas) delirio o el estado confusional agudo, infección urinaria, vaginitis, polifarmacia y enfermedades endocrinas (hiperglicemia, hipercalemia). IU permanente (duración mayor a 4 semanas): IU de esfuerzo (IUE): pérdida involuntaria de orina que coincide con el aumento de la presión intra abdominal desencadenado por la actividad física., IU de urgencia (IUU): pérdida involuntaria de orina combinado con sensación repentina de urgencia. Por “urgencia” se entiende el momento en el que la mujer nota la aparición súbita de un deseo miccional claro e intenso difícil de posponer, IU mixta (IUM): pérdida involuntaria de orina asociada con IUU, pero también con problemas físicos de esfuerzo, IU por rebosamiento (IUR): pérdida involuntaria de orina asociada con una vejiga sobre distendida, siendo más frecuente en el varón. (Dannecker et al, 2010).

Dentro de la clasificación y en línea con la encuesta realizada en Chile entre los meses de abril a julio del 2004 a mujeres mayores de 30 años que consultan en el consultorio de medicina general del Hospital FACH en Santiago, el 40,2% presentó IUE, el 34,8% IUM y el 25% de las pacientes IUU. (Salazar et al, 2005).

La IU es una patología multifactorial producto que se encuentran diversos factores de riesgos, como edad avanzada, antecedentes familiares de IU, infecciones del tracto urinario, enfermedades neurológicas (AVE, esclerosis, trastornos medulares), embarazo, multiparidad, parto vaginal instrumental y/o fetos macrosómicos, histerectomía y otros antecedentes de cirugía ginecológica, prolapso de órganos pélvicos, obesidad, enuresis infantil (Brenes et al, 2013), sexo, raza, enfermedad cardiovascular, alteraciones musculo-esqueléticas. (Norton y Brubake, 2006).

En la práctica clínica existen variados instrumentos para la evaluación de IU, entre ellos el “King's Health Questionnaire” (KHQ) y el "International Consultation on Incontinence Questionnaire – Urinary Incontinence Short Form" (ICIQ-UI). La versión española del cuestionario KHQ, evalúa la calidad de vida en mujeres con diferentes tipos de IU y el cuestionario ICIQ-UI Hace una evaluación respecto a la calidad de vida de las pacientes y permite orientar respecto al tipo de IU (Espuña et al, 2007).
En Chile, el año 2006 el cuestionario ICIQ-UI fue validado en mujeres pertenecientes al sistema nacional de salud (FONASA). (Busquet y Serra, 2012). Además, existen otros elementos que permiten el diagnóstico de IU: calendario Miccional de Orina, pad Test o test de la Almohadilla, evaluación del balance muscular (perinómetro) y estudio Urodinámico (Vila y Gallardo, 2005).

En el manejo terapéutico de la IUE se incluyen diversas alternativas, sin que deban considerarse como excluyentes entre ellas sino que pueden ser usadas de manera complementaria para obtener los mejores resultados terapéuticos. Es por ello, que para decidir el tratamiento más adecuado para cada paciente, se deberá valorar el tipo de incontinencia, las condiciones médicas asociadas, las repercusiones de la incontinencia, la preferencia del paciente, la aplicabilidad del tratamiento y el balance entre beneficios/riesgos de cada tratamiento. De esta forma, la IU tiene diversos tratamientos, dentro de los cuales se encuentran: cirugías (en casos extremos de IUE), ejercicios terapéuticos (ejercicios de los músculos pelvianos o ejercicios de Kegel), farmacología (suplemento de estrógenos), modificación de conductas (hábitos alimenticios y actividad física), estimulación eléctrica y biorretroalimentación (Biofeedback) (Rexach and Verdejo, 1999).

En lo referido a la calidad de vida, los aspectos que más se ven deteriorados son los sociales y psicológicos, motivados por los prejuicios y desinformación existentes en el entorno de los sujetos. Entre estas consecuencias figuran la pérdida de autoestima, la limitación en la actividad física, sexual y laboral cuando no reciben un tratamiento oportuno. Además, las personas que padecen de IUE presentan con frecuencia trastornos emocionales relacionados con su enfermedad, como ataques de pánico, estrés y depresión, ya que deben estar en busca de un baño permanentemente. (Kamei, 2005).

Según el último CENSO (2012), indica que la población femenina corresponde a 8.513.327 mujeres y si bien en Chile no hay estudios de prevalencia de IU, es evidente la importancia de cuantificar la magnitud de este problema en nuestro país. Un dato interesante a observar, pues se relaciona con la IUE, es el índice de masa corporal (IMC), el cual se encuentra fuertemente relacionado con el peso y que este tipo de IU es muy común en pacientes obesas. (Colegio de nutricionistas de Chile, 2011).

Según la Encuesta Nacional de Salud realizada el año 2010, el 33,6% de las mujeres sufre sobrepeso y 30,7% obesidad. El sobrepeso en mujeres produce un aumento de la presión intra abdominal que afecta negativamente el piso pélvico, provocando el desarrollo de IU, por lo que indudablemente es necesario aumentar los niveles de actividad física y generar un cambio en los hábitos alimenticios. El IMC es considerado un factor de riesgo modificable en la IUE, razón por la cual el intervenido se educa y fortalece la musculatura pelviana a temprana edad, las pacientes que sufren IUE mejorarán su calidad de vida. (Colegio de nutricionistas de Chile, 2011). Son pocos los pacientes que identifican y consultan a un especialista, pues consideran que es normal posterior a parto o simplemente por pudor; por lo tanto, para revertir esta problemática de salud se hace necesario generar conciencia acerca de la patología, entendiéndola no como un proceso normal asociado al paso de los años, sino como una patología social, que afecta al sujeto en toda su integridad, tanto física como psicológica, llevándolos a límites extremos como el aislamiento y la depresión social.

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